martes, 2 de marzo de 2010

“Taita Obispo” Leonidas Proaño


Este año se cumple 100 años de su nacimiento y el 31 de agosto, 22 años de su muerte. Por lo que los Combatientes Populares le rendimos homenaje, presentando una breve reseña de su vida y un poema, por ser un religioso impulsor de la Iglesia libre y liberadora y comprometido con las nacionalidades indígenas y el cambio social.

Proaño nació en San Antonio de Ibarra, hijo de padres pobres tejedores de sombreros de paja toquilla, se ordenó sacerdote en 1936; de 1954 a 1985 fue obispo de Riobamba, impulsó el proyecto de Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador ERPE, con programas encaminados para la alfabetización, educación y evangelización de los pueblos indígenas.

Entregó tierras de la Iglesia a los indígenas y promovió centros de capacitación técnica.

Pero no todo le resultó fácil a Proaño en su acción sacerdotal identificada con los indígenas y pobres de los sectores donde trabajó, pues fue rechazado y perseguido por los terratenientes y los jerarcas de la Iglesia que lo consideraban agitador social, subversivo, apartado de su misión.

Monseñor Leonidas pensaba que: “O bien caminamos en el sentido del Evangelio, sin rehuir su incidencia en lo político, abiertamente, o bien, con el pretexto, con la fórmula de que la Iglesia no se mete en lo político contribuimos políticamente a que este sistema de dominación, de pecado, permanezca y se consolide. Y en ese caso somos traidores del Evangelio ya que el Evangelio es subversivo frente a una sociedad estructurada sobre la injusticia y la muerte”.

De este ex obispo de la diócesis de Riobamba, poeta, escritor a quien en 1986 se propuso como candidato al Premio Nóbel de la Paz , recogemos un poema: Mantener siempre atentos los oídos al grito de dolor de los demás y escuchar su llamada de socorro,

es SOLIDARIDAD.
Mantener la mirada siempre alerta
y los ojos tendidos sobre el mar
en busca de algún náufrago en peligro,

es SOLIDARIDAD.
Sentir como algo propio el sufrimiento
del hermano de aquí y del de allá,
hacer propia la angustia de los pobres,

es SOLIDARIDAD.
Llegar a ser la voz de los humildes,
descubrir la injusticia y la maldad,
denunciar al injusto y al malvado,

es SOLIDARIDAD.
Dejarse transportar por un mensaje
cargado de esperanza, amor y paz,
hasta apretar la mano del hermano,

es SOLIDARIDAD.
Convertirse uno mismo en mensajero
del abrazo sincero y fraternal
que unos pueblos envían a otros pueblos,

es SOLIDARIDAD.
Compartir los peligros en la lucha
por vivir en justicia y libertad
arriesgando en el amar hasta la vida,

es SOLIDARIDAD.

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